Para los habitantes de Santiago de Chile, recorrer la Avenida Presidente Kennedy de noche es cruzar por el escenario de la leyenda urbana más famosa, romántica y comentada de la crónica paranormal chilena: La Rubia de Kennedy. Un mito que se tomó las portadas de los diarios sensacionalistas del país a finales de la década de 1970 y principios de los 80, transformándose en una parte fundamental de la identidad nocturna capitalina y en un reflejo de los miedos y la fascinación urbana de una sociedad que comenzaba a modernizarse a través de sus grandes autopistas.
La leyenda se construyó sobre la base de una serie de testimonios idénticos entregados por taxistas y automovilistas particulares que transitaban por la mencionada avenida, específicamente en el tramo comprendido entre las calles Américo Vespucio y Gerónimo de Alderete, durante las madrugadas de los fines de semana. Según el relato de los conductores, una mujer joven, de una belleza impactante, de cabello rubio platinado largo y vestida con un impecable y vaporoso abrigo o vestido de gasa blanca, aparecía de la nada flotando sutilmente al costado de la berma en mitad de la neblina santiaguina.
El modus operandi del espectro era siempre el mismo. La mujer levantaba la mano con timidez para solicitar un viaje. Los taxistas, encandilados por su presencia atractiva y preocupados por ver a una mujer sola a altas horas de la noche, se detenían de inmediato. Al subirse al asiento trasero del vehículo, la misteriosa pasajera indicaba con una voz suave, melancólica y casi inaudible una dirección residencial cercana en la comuna de Las Condes o Vitacura. Los conductores relataban que, durante el trayecto, la mujer permanecía en absoluto silencio, mirando de forma fija hacia la ventana y rodeada por un perfume floral intenso y un frío inusual que congelaba el habitáculo del auto.
El clímax terrorífico de la experiencia ocurría cuando el conductor llegaba al destino solicitado o miraba a través del espejo retrovisor central para iniciar conversación: el asiento trasero se encontraba completamente vacío. La misteriosa mujer rubia se había desvanecido en el aire con el auto en movimiento, sin que las puertas se hubieran abierto y sin dejar rastro alguno de su presencia, salvo el aroma a flores flotando en el interior. Varios taxistas, presas de crisis de pánico y nervios severas, terminaron en comisarías de Carabineros o en centros asistenciales reportando el evento, lo que llevó al mítico diario Las Últimas Noticias a publicar el caso en portada en 1979, desatando una verdadera psicosis colectiva donde cientos de automovilistas evitaban transitar por Kennedy de madrugada.
La investigación periodística e histórica de la época intentó buscar una raíz real detrás de la aparición. La teoría más aceptada y trágica apunta a que el fantasma correspondía a Marta Infante, una joven y hermosa mujer de la alta sociedad santiaguina que había fallecido pocos años antes, específicamente el 8 de agosto de 1978, en un violento accidente automovilístico ocurrido precisamente en la Avenida Kennedy, cuando el auto en el que viajaba junto a su novio se estrelló a alta velocidad contra un árbol de la berma al regresar de una fiesta. Según la creencia popular, el alma de Marta quedó atrapada en un bucle temporal en el lugar del accidente, reviviendo eternamente su intento de regresar sana y salva a su hogar.
Con el paso de las décadas, la remodelación total de la Avenida Kennedy, la instalación de modernos túneles subterráneos y el aumento del tráfico vehicular terminaron por ahuyentar los avistamientos físicos de la hermosa mujer de blanco. Sin embargo, la Rubia de Kennedy ya se había ganado su lugar de honor en el folclore de Chile, inspirando obras de teatro, libros de misterio y películas de televisión, quedando como el recordatorio de que, incluso debajo de las luces de neón y el hormigón de las autopistas del progreso, las viejas historias de almas en pena siguen esperando su viaje de regreso a casa.