Hoy en día, pensar en los Hombres de Negro es imaginar a agentes del gobierno con lentes de sol cool, trajes hechos a la medida y un aparatito plateado que te borra la memoria con un destello de luz. Sin embargo, en los anales de la ufología clásica de los años 50 y 60, encontrarse con estas figuras era sinónimo de un terror psicológico helador. No eran héroes salvando el planeta; eran descritos como entes siniestros, andróginos y con un comportamiento sumamente perturbador que se dedicaban a acosar a investigadores y civiles que aseguraban tener pruebas físicas de naves extraterrestres.
El origen histórico del mito se remonta a 1953 y tiene nombre propio: Albert K. Bender. Bender era el director de la International Flying Saucer Bureau (IFSB), una de las primeras organizaciones civiles de ufología en el mundo. El hombre aseguró haber descubierto la verdad definitiva detrás del origen de los ovnis y estaba listo para publicarla en su revista. Sin embargo, antes de que el boletín saliera a la luz, Bender fue visitado en su departamento por tres hombres vestidos con trajes oscuros impecables, camisas blancas y sombreros negros de ala ancha. Según su testimonio, los tipos tenían los ojos fijos, hablaban con una entonación mecánica casi robótica y lo amenazaron de forma tan severa con el peso de la ley y la violencia que Bender disolvió la organización de inmediato y cayó en una profunda depresión, rehusándose a hablar del tema por años.
Las descripciones de los testigos que afirmaron recibir estas visitas a lo largo de Estados Unidos comparten un patrón que roza lo sobrenatural. Los Hombres de Negro siempre viajaban de a dos o tres, se desplazaban en autos marca Cadillac negros completamente nuevos que extrañamente olían a plástico quemado o a azufre, y aparecían en las casas de las víctimas apenas unas horas después de un avistamiento, incluso antes de que el testigo le hubiera contado el evento a la policía o a los medios. Físicamente eran descritos con tez extremadamente pálida u oliva oscura, sin cejas ni pestañas, y con dificultades para entender modismos humanos básicos o usar cubiertos en una mesa, lo que llevó a teóricos como John Keel (autor de The Mothman Prophecies) a sugerir que no eran agentes humanos de la CIA o la NSA, sino una especie de androides biológicos o extraterrestres disfrazados intentando camuflarse en la sociedad.
La explicación sociológica e histórica detrás de los Hombres de Negro apunta a una mezcla de dos factores reales de la Guerra Fría. Por un lado, el despliegue auténtico de agentes del Servicio de Investigación de la Fuerza Aérea (OSI) o de agencias de inteligencia que visitaban a civiles para confiscar de forma agresiva fotografías de cielos donde se habían colado pruebas de misiles o aviones espía secretos del gobierno. Por el otro, el nacimiento del folclore paranoico urbano: en una sociedad donde el gobierno ocultaba información de manera sistemática, la mente colectiva sintetizó sus temores en la figura del «hombre del traje», el burócrata anónimo encargado de enterrar la verdad en los sótanos del poder.