John Wayne Gacy: El payaso comunitario que enterró a treinta jóvenes en su sótano

John Wayne Gacy: El payaso comunitario que enterró a treinta jóvenes en su sótano

Una fachada perfecta construida a base de política local, negocios exitosos y disfraces infantiles. La escalofriante historia de cómo el "Payaso Pogo" engañó a todo Chicago mientras montaba una carnicería clandestina en su propia casa.

Para entender la monstruosidad de John Wayne Gacy, hay que mirar de frente los traumas más profundos del entorno doméstico norteamericano. Gacy nació en 1942 en Chicago, Illinois, creciendo en un hogar que era una verdadera olla a presión. Su infancia estuvo completamente marcada por la figura de su padre, un alcohólico ultra machista y violento que descargaba una frustración tremenda golpeando al pequeño John y humillándolo constantemente, cuestionando su masculinidad delante de sus conocidos. Para colmo, el niño sufría de un trastorno cardíaco congénito que le causaba desmayos; su padre siempre consideró que estos colapsos eran una pura excusa para flojear. Gacy creció con un vacío afectivo gigante y una necesidad enfermiza de demostrarle al mundo que él sí era un hombre exitoso, respetable y poderoso.

A punta de esfuerzo y una tremenda habilidad para las relaciones públicas, Gacy logró construir la fachada perfecta del sueño americano durante los años 70. Se mudó a un cómodo barrio residencial en Norwood Park, fundó su propia empresa de construcción y llegó a administrar exitosos restaurantes de comida rápida. Ante sus vecinos y conocidos proyectaba la imagen de un hombre sociable, servicial y sumamente exitoso: organizaba los asados del vecindario, se metió de cabeza en la política local del Partido Demócrata —llegando a ser capitán de distrito— y participaba activamente en desfiles comunitarios y fiestas infantiles disfrazado como “Pogo el Clown”. Aunque no cometía sus crímenes vestido de payaso, esa perturbadora imagen quedó instalada para siempre en la cultura popular debido al contraste radical entre su vida pública caritativa y su vida privada criminal.

Detrás de los trajes caros y el maquillaje infantil, Gacy albergaba un sadismo feroz orientado hacia adolescentes y hombres jóvenes en el estado de Illinois. Utilizaba su empresa de construcción como una red de caza, ofreciéndoles sueldos muy por encima del promedio a trabajadores temporales, estudiantes o jóvenes desamparados que andaban buscando pegas esporádicas. Gacy utilizaba engaños, promesas de dinero o un supuesto truco de magia utilizando unas esposas reales; cuando la víctima quedaba completamente inmovilizada, la trampa se cerraba por completo. Sometía a los jóvenes a torturas sádicas y abusos sexuales antes de aplicar un método de asfixia lento utilizando una cuerda y un palo de madera. En total, la justicia le atribuyó la escalofriante cifra de 33 asesinatos.

La forma en que se deshacía de los cuerpos demuestra el nivel de impunidad en el que se sentía cómodo. Gacy subía los cadáveres al estrecho espacio de acceso inferior de su casa, un sótano de tierra sin ventilación conocido como crawl space. Ahí los enterraba y los cubría con cal viva para acelerar la descomposición y camuflar los olores. Cuando el espacio subterráneo se quedó completamente sin metros cuadrados disponibles para albergar más carne, empezó a trasladar los últimos cuerpos en la maleta de su auto para lanzarlos directo a los ríos cercanos desde un puente.

La policía local, que históricamente había ignorado las denuncias de desapariciones de jóvenes de barrios pobres, finalmente reaccionó en diciembre de 1978. La misteriosa desaparición del adolescente de 15 años Robert Piest permitió acercar definitivamente a los detectives hacia el sospechoso, ya que el chico le había dicho a su madre que iría a hablar con un contratista de construcción —Gacy— para pedir trabajo. Durante los registros en la vivienda, los investigadores notaron olores extraños y putrefactos insoportables que emanaban directamente por los ductos de la calefacción central, junto con múltiples inconsistencias en las declaraciones del sospechoso. Tras días de vigilancia extrema, acorralado por la evidencia forense que se desenterraba bajo su living, Gacy terminó confesando la magnitud de sus homicidios.

Fue juzgado en un proceso ultra mediático donde intentó sin éxito alegar demencia legal para zafar del castigo, pero fue condenado a múltiples penas de muerte por sus 33 homicidios confirmados. Pasó 14 años tras las rejas manteniendo una actitud cínica e indolente, dedicándose a pintar cuadros de payasos que se vendían clandestinamente a coleccionistas de lo macabro. Finalmente, John Wayne Gacy fue ejecutado mediante inyección letal en mayo de 1994 en el Centro Correccional de Stateville, Illinois. Su caso sigue siendo uno de los más impactantes de la historia criminal de Estados Unidos debido a la brutalidad de los crímenes y la aparente y respetable normalidad que proyectaba públicamente ante su comunidad.