Aum Shinrikyo (Verdad Suprema) — El apocalipsis químico en el metro de Tokio

Aum Shinrikyo (Verdad Suprema) — El apocalipsis químico en el metro de Tokio

Un gurú medio ciego obsesionado con el yoga logró reclutar a las mentes más brillantes de Japón para fabricar armas de destrucción masiva. La escalofriante historia de Shoko Asahara y el peor ataque terrorista en la historia nipona.

Japón en los años 80 y 90 era el epítome del progreso tecnológico y la seguridad, un país donde crímenes violentos eran bajísimos. Pero debajo de esa sociedad ultra estructurada y competitiva, había una presión gigantesca. Ahí fue donde Shoko Asahara, un profesor de yoga parcialmente ciego y con delirios de grandeza, vio su oportunidad de oro. En 1984 fundó Aum Shinrikyo (Verdad Suprema), un culto que mezclaba hinduismo, budismo, profecías apocalípticas cristianas y un odio profundo hacia el materialismo moderno. Asahara se autoproclamó como el primer «iluminado» desde Buda y convenció a sus seguidores de que él podía quitarles el karma negativo e incluso levitar.

Lo más cuático y peligroso de esta secta no eran sus rezos, sino su público objetivo. Asahara no reclutaba a gente sin educación; apuntaba directamente a las universidades más prestigiosas del país. Logró engrupirse a astrofísicos, biólogos moleculares, médicos y químicos brillantes que sentían un profundo vacío espiritual por la exigente vida corporativa japonesa. Con el dinero de las donaciones y el conocimiento técnico de sus devotos, Aum Shinrikyo construyó gigantescos laboratorios clandestinos a los pies del Monte Fuji. Su objetivo era brígido: desatar la Tercera Guerra Mundial para acelerar el fin del mundo, sobrevivir al apocalipsis y gobernar lo que quedara del planeta.

El culto comenzó a experimentar con armas biológicas y químicas, incluyendo ántrax y toxina botulínica, pero descubrieron que el gas sarín (un agente nervioso letal desarrollado por los nazis) era su mejor carta. Tras un ensayo mortal en 1994 en la ciudad de Matsumoto (que dejó 8 muertos), la secta ejecutó su plan maestro el 20 de marzo de 1995. En plena hora punta de la mañana, cinco miembros del culto se subieron a distintas líneas del metro de Tokio que convergían en los edificios gubernamentales. Llevaban bolsas de plástico con sarín líquido envueltas en periódicos. Usando paraguas con puntas afiladas, perforaron las bolsas, se bajaron de los vagones y dejaron que el líquido se evaporara en los trenes cerrados.

El resultado fue un caos de proporciones dantescas. Miles de pasajeros salieron a las calles tosiendo sangre, ciegos, convulsionando y asfixiándose en las veredas de Tokio. El ataque dejó 13 personas muertas y más de 5.800 heridos, muchos de los cuales quedaron con daño neurológico permanente. La policía japonesa allanó de inmediato las instalaciones del culto, encontrando a Asahara escondido en una pequeña habitación aislada entre los laboratorios, junto con suficientes químicos para matar a millones de personas. Tras décadas de juicios lentos y apelaciones, Shoko Asahara y otros 12 altos mandos de la secta fueron ejecutados en la horca en julio de 2018, cerrando uno de los capítulos más traumáticos de la historia de Japón.