Si hay un misterio que ha obsesionado a investigadores, científicos y amantes de lo paranormal por más de sesenta años, es lo que ocurrió en la gélida silueta del Jolat Siajl —un nombre en el idioma nativo mansi que significa, de forma bastante profética, «Montaña de los Muertos»—. En febrero de 1959, un grupo de nueve jóvenes excursionistas soviéticos, la mayoría estudiantes del Instituto Politécnico de los Urales, experimentados en rutas de alta dificultad, desapareció sin dejar rastro. Cuando los equipos de rescate y el ejército encontraron su campamento semanas después, se toparon con una escena tan perturbadora que dio origen al caso de misterio más famoso de la era soviética: el Incidente del Paso Dyatlov.
Para entender el impacto del hallazgo, hay que reconstruir el estado de la escena. La carpa del grupo, liderado por el joven Igor Dyatlov, fue encontrada rajada desde el interior con un cuchillo. En lugar de salir por la entrada principal, los excursionistas rompieron la lona desesperadamente y huyeron en tropel hacia la noche ártica, con temperaturas de hasta $-30^\circ\text{C}$. Lo más extraño es que salieron corriendo sin sus ropas de abrigo, descalzos o usando únicamente calcetines, dejando atrás sus parkas, botas y hachas. ¿Qué puede dar tanto terror como para hacer que un montañista experto prefiera congelarse vivo antes que quedarse un segundo más dentro de su carpa?
Los cuerpos fueron apareciendo de forma escalonada en un radio de un kilómetro y medio colina abajo. Los primeros cinco fallecieron por hipotermia pura, congelados en posiciones que sugerían que intentaban arrastrarse de regreso al campamento. Sin embargo, los últimos cuatro cuerpos, descubiertos meses después cuando la nieve comenzó a derretirse dentro de una quebrada, presentaban un panorama forense de película de terror:
- Traumatismos masivos internos: Tres de ellos tenían fracturas craneales brutales y costillas completamente destrozadas. Los forenses de la época declararon que la fuerza necesaria para provocar tales lesiones era equivalente a la de un choque automovilístico a alta velocidad, pero curiosamente, los cuerpos no tenían heridas externas o moretones en la piel.
- Mutilaciones faciales: A una de las jóvenes, Liudmila Dubínina, le faltaba la lengua, los ojos y parte de los tejidos blandos del rostro.
- Ropa radiactiva: Los análisis de laboratorio ordenados por la fiscalía soviética revelaron niveles anormalmente altos de radiación en las prendas de vestir de algunas de las víctimas.
La investigación oficial de la URSS se cerró apresuradamente en mayo de 1959 bajo un manto de absoluto secreto estatal, concluyendo vagamente que el grupo había muerto debido a «una fuerza elemental irresistible». Semejante ambigüedad no hizo más que alimentar las teorías conspirativas durante décadas. Se culpó a los nativos Mansi de un ataque ritual (hipótesis descartada porque no había huellas de otras personas en la nieve), a un monstruo de las nieves (el Yeti ruso) y a pruebas militares secretas con armas infrasónicas o misiles balísticos soviéticos que salieron mal.
Aquí es donde el caso cruza la frontera de la ufología. Durante los mismos días en que los muchachos de Dyatlov morían en la montaña, otro grupo de excursionistas que se encontraba acampando a unos 50 kilómetros al sur reportó haber visto extrañas «esferas naranjas luminosas» que flotaban de forma errática en el cielo nocturno en dirección al Jolat Siajl. Incluso el propio jefe de la investigación criminal soviética en 1959, Lev Ivanov, confesó décadas después tras la caída del régimen comunista que él estaba convencido de que los ovnis estaban directamente vinculados a la masacre. Según Ivanov, el gobierno le ordenó censurar el expediente y archivar las fotos de las luces celestes para no sembrar el pánico en plena Guerra Fría. Los ufólogos teorizan que los excursionistas pudieron ser testigos de una maniobra de naves no identificadas o que sufrieron el impacto directo de un pulso electromagnético que los desorientó por completo y destruyó sus tejidos internos.
La ciencia moderna intentó dar un golpe de gracia al misterio. Una investigación suiza publicada en 2021 mediante simulaciones computacionales avanzadas (similares a las usadas en los efectos especiales de la película Frozen) propuso la hipótesis de una avalancha de placa tardía. Según este modelo, los excursionistas cortaron la ladera de la nieve para instalar su carpa, lo que sumado a los fuertes vientos catabáticos, provocó que un bloque de nieve compacta y pesada colapsara sobre ellos mientras dormían, causándoles las fracturas óseas internas. Esto explicaría por qué rompieron la carpa desde adentro para salir antes de que ocurriera un segundo derrumbe, muriendo posteriormente de hipotermia en la oscuridad.
A pesar del aplauso científico a la teoría de la avalancha, el Paso Dyatlov se resiste a abandonar el terreno del mito. Los escépticos de la versión oficial recuerdan que una avalancha común no explica la radiación en las ropas, las mutilaciones específicas (que los científicos atribuyen a animales carroñeros tras la muerte) ni el persistente reporte de las esferas naranjas en los diarios de la época. El memorial levantado en la roca de los Urales con los rostros de los nueve excursionistas sigue recordando al mundo el día en que la montaña se tragó los secretos de una noche de terror absoluto.