En el campo de la criptozoología existe un grupo muy selecto de criaturas que no encajan en la definición de animales comunes en busca de comida. Son seres que parecen operar en una frecuencia distinta, cruzando la frontera hacia lo paranormal y lo profético. El ejemplo definitivo de este fenómeno es Mothman, el Hombre Polilla. Su aparición en el tranquilo pueblo de Point Pleasant, Virginia Occidental, entre noviembre de 1966 y diciembre de 1967, desató una de las oleadas de histeria y fenómenos anómalos más documentadas de la historia estadounidense, inmortalizada por el periodista John Keel en su célebre libro The Mothman Prophecies (Las profecías de Mothman).
La pesadilla comenzó oficialmente la noche del 15 de noviembre de 1966. Dos jóvenes matrimonios (Roger y Linda Scarberry, junto a Steve y Mary Mallette) conducían un automóvil a las afueras de Point Pleasant, cruzando una zona industrial abandonada conocida por los lugareños como la «Zona TNT» (un enorme complejo de búnkeres subterráneos utilizado para almacenar pólvora durante la Segunda Guerra Mundial). Cerca de una antigua planta de energía, los faros del auto iluminaron a una criatura espantosa: un humanoide de casi dos metros de altura, de color gris oscuro, que carecía de cabeza visible y que poseía dos enormes alas plegadas a su espalda. Lo que dejó a los testigos paralizados por el terror fueron sus ojos: dos esferas gigantescas, situadas al nivel del pecho, que emitían un brillo rojo hipnótico, intenso y fosforescente. Cuando el conductor aceleró a fondo preso del pánico, la criatura desplegó sus alas y se elevó verticalmente en el aire sin emitir el más mínimo ruido, persiguiendo al auto a más de 160 kilómetros por hora mientras golpeaba las ventanas con sus extremidades.
Durante los siguientes trece meses, más de un centenar de personas en la región reportaron encuentros directos con Mothman. Los testimonios compartían detalles físicos muy específicos: la criatura no batía sus alas para volar, sino que se elevaba como un planeador mecánico, emitía un chillido agudo que sonaba como un disco rayado a alta velocidad o el chirrido de un ratón gigante, y su presencia generaba severas interferencias en los radios y televisores de las casas cercanas. Paralelamente a los avistamientos del monstruo, el pueblo de Point Pleasant se convirtió en un imán de eventos paranormales: se registraron oleadas masivas de avistamientos OVNI sobre el río Ohio, desapariciones extrañas de mascotas locales y docenas de testigos afirmaron ser visitados en sus hogares por tétricos «Hombres de Negro» que los amenazaban para que no hablaran con la prensa.
El clímax y trágico desenlace de la oleada de Mothman ocurrió la tarde del 15 de diciembre de 1967, en plena hora punta de las compras navideñas. El Silver Bridge, un puente colgante de acero construido en 1928 que conectaba Point Pleasant con el estado de Ohio cruzando el río Ohio, colapsó súbitamente debido a una falla estructural menor en una de sus barras de suspensión. En cuestión de veinte segundos, el puente se retorció y cayó por completo a las gélidas aguas profundas del río junto a docenas de vehículos que se encontraban atrapados en el tráfico. 46 personas murieron en la catástrofe, sumiendo a la comunidad en un luto devastador.
Lo escalofriante del desastre fue que, en los días previos a la caída del puente, varios testigos aseguraron haber visto a Mothman posado directamente sobre las vigas más altas del Silver Bridge, mirando fijamente el tráfico de la ciudad con sus ojos rojos encendidos en mitad de la niebla. Tras la tragedia, los avistamientos del Hombre Polilla en Virginia Occidental cesaron por completo y de forma definitiva. A partir de ese momento, la figura de Mothman se transformó en la cultura paranormal como un ente premonitorio o un «mensajero del desastre»: una entidad que no provoca el daño de forma directa, sino que aparece en lugares específicos del planeta justo antes de que ocurra una catástrofe masiva con gran pérdida de vidas humanas (con reportes similares atribuidos a su figura antes de la explosión de la planta nuclear de Chernóbil en 1986 o los atentados del 11 de septiembre en Nueva York).