Si tuviéramos que elegir un «presidente» o embajador global para el movimiento de la criptozoología, ese puesto le pertenecería sin discusiones a Pie Grande (conocido en Canadá y por las tribus nativas como Sasquatch, una palabra derivada del idioma halkomelem que significa «hombre peludo de los bosques»). A diferencia de otras criaturas que habitan en el terreno de los fantasmas o la magia negra, Pie Grande es tratado por una facción seria de antropólogos y biólogos como una especie de primate homínido gigante no catalogado que logró sobrevivir de forma milagrosa al aislamiento geográfico de las cadenas montañosas de América del Norte. Un misterio que mueve millones de dólares en turismo, expediciones científicas y que cuenta con la prueba audiovisual más debatida de la historia moderna.
La presencia de este gigante en tierras americanas no es una invención de los periódicos sensacionalistas del siglo XX. Las tribus nativas de la costa del Pacífico, desde California hasta Alaska, ya pintaban y tallaban en sus tótems de madera la figura de los «hombres salvajes» mucho antes de la llegada de los hombres blancos. Para los indígenas, el Sasquatch era una tribu separada de seres sabios y pacíficos que vivían en total comunión con la naturaleza profunda, caracterizados por su inmenso tamaño, su timidez extrema y su capacidad para comunicarse mediante potentes golpes de troncos en los árboles (wood knocking) y silbidos agudos durante la noche.
Físicamente, los miles de reportes acumulados durante décadas describen a Pie Grande con un patrón biológico consistente: se trata de una criatura bípeda que mide entre 2 y 3 metros de altura, con un peso estimado que oscila entre los 200 y los 450 kilos. Todo su cuerpo, a excepción del rostro, las palmas de las manos y las plantas de los pies, está cubierto por un pelaje denso y grueso que varía entre el negro, el marrón rojizo y el gris ceniza. Su anatomía carece virtualmente de cuello; la cabeza, con una forma ligeramente cónica en la corona (cresta sagital, típica de los gorilas), se asienta directamente sobre unos hombros extraordinariamente anchos. Sin embargo, su rasgo característico —y el que le dio su nombre occidental— son sus huellas: marcas de pies humanos gigantescos de hasta 60 centímetros de longitud, que muestran una estructura flexible de la planta del pie (almohadilla metatarsiana) que los falsificadores comunes de la época difícilmente habrían podido replicar con moldes de madera rígidos.
El kilómetro cero de la obsesión moderna por Pie Grande ocurrió el 20 de octubre de 1967 en Bluff Creek, una zona remota del norte de California. Dos jinetes y cazadores aficionados, Roger Patterson y Robert Gimlin, se encontraban explorando el lecho de un río seco cuando sus caballos se encabritaron de golpe. Al mirar hacia el frente, divisaron a una enorme criatura peluda caminando en dos patas por la orilla. Patterson bajó de su caballo, sacó su cámara de cine de 16 mm y corrió a trompicones hacia el monstruo mientras filmaba. El resultado fue la famosa Cinta Patterson-Gimlin, una secuencia de apenas 53 segundos que muestra a un ser homínido hembra (bautizado cariñosamente por los investigadores como «Patty») caminando con un paso fluido, pesado e imponente. El clímax del video ocurre en el cuadro 352, donde la criatura gira ligeramente su torso para mirar de reojo de forma directa hacia la cámara antes de perderse entre los árboles.
Por más de cincuenta años, la cinta Patterson-Gimlin ha sido sometida a los análisis forenses y digitales más brutales por parte de agencias de inteligencia, expertos en efectos especiales de Hollywood (incluyendo a los técnicos de la empresa de George Lucas y la propia Disney) y científicos de todo el mundo. Ninguno ha logrado demostrar de forma concluyente que se trate de un fraude. Los análisis de biomecánica revelaron que el caminar del ser muestra un grado de flexión en las rodillas y un balanceo de brazos que un humano metido dentro de un traje de gorila de los años 60 no habría podido imitar sin tropezar, y la tecnología de estabilización digital moderna permite apreciar el movimiento real de los músculos bajo el pelaje y los pechos colgantes del espécimen, detalles anatómicos que superaban los presupuestos de efectos especiales de la época.
La hipótesis científica principal de los defensores del Sasquatch (liderados por el célebre antropólogo Dr. Grover Krantz) propone que Pie Grande podría ser un descendiente directo del Gigantopithecus blacki, un simio gigante extinto que habitó los bosques de Asia hace unos 300.000 años. Según esta teoría, grupos de Gigantopithecus habrían cruzado el puente de tierra de Beringia hacia América del Norte junto a los mamuts y los primeros humanos durante las glaciaciones, adaptándose a la vida en los indómitos bosques templados del noroeste, donde la bajísima densidad de población humana y la inmensidad del terreno les permiten seguir viviendo como los últimos fantasmas de la prehistoria.