Hay lugares en el mundo que parecen actuar como verdaderos agujeros negros para la psique humana, imanes de la desgracia donde la violencia, la locura y la tragedia se acumulan en las paredes como el hollín. En el centro de Los Ángeles, California, el Hotel Cecil (rebautizado en años recientes como Stay on Main) es el ejemplo definitivo de este fenómeno urbano. Construido en 1924 con la ambición de ser un glamoroso hotel para viajeros de negocios, la Gran Depresión de 1929 y la posterior decadencia de la zona colindante (el peligroso barrio de Skid Row) lo transformaron en un refugio de paso para personas de bajos recursos, drogadictos, criminales y almas perdidas. El resultado fue una crónica de terror real que abarca más de quince suicidios documentados, sobredosis masivas y múltiples asesinatos que le valieron el apodo del «Hotel Muerte».
La fama paranormal y maldita del Cecil se cimentó inicialmente durante los años 80 y 90, cuando el edificio sirvió como hogar temporal de algunos de los monstruos más despiadados de la crónica negra estadounidense. En 1985, el asesino serial satánico Richard Ramirez, conocido como «The Night Stalker» (El acosador nocturno), alquiló una habitación en el piso 14 por 14 dólares la noche. Ramirez regresaba al hotel de madrugada cubierto de sangre tras violar y asesinar a sus víctimas, arrojaba sus ropas ensangrentadas a los contenedores de basura del callejón y subía a su cuarto desnudo o en ropa interior sin que a ningún empleado le llamara la atención, dado el nivel de marginalidad del lugar. Años más tarde, en 1991, el asesino serial austríaco Jack Unterweger se hospedó en el Cecil mientras trabajaba de forma irónica como periodista de crimen organizado, utilizando su habitación para estrangular a varias trabajadoras sexuales locales con sus propios sostenes.
Sin embargo, el caso que transformó al Cecil en una obsesión global para internet ocurrió en febrero de 2013 con la misteriosa muerte de Elisa Lam, una estudiante canadiense de 21 años que se encontraba viajando sola por California. Elisa desapareció a finales de enero dentro del hotel, lo que llevó a la policía a registrar el edificio con perros de búsqueda sin éxito. Semanas después, los huéspedes del Cecil comenzaron a quejarse de que el agua de los grifos y las duchas salía con un color negruzco, tenía un sabor nauseabundo y salía con muy baja presión. El 19 de febrero, el encargado de mantenimiento subió a la azotea, abrió la escotilla de uno de los gigantescos tanques de agua potable del hotel y encontró el cuerpo desnudo de Elisa Lam flotando en descomposición avanzada.
El misterio se volvió viral cuando la policía de Los Ángeles publicó el último video grabado de Elisa con vida: una secuencia de cuatro minutos dentro de uno de los ascensores del hotel. En el metraje, Elisa muestra un comportamiento sumamente perturbador e inexplicable. Se le ve presionando múltiples botones a la vez, saliendo y entrando del ascensor de forma errática, escondiéndose en las esquinas como si estuviera huyendo de un perseguidor invisible, y realizando extraños movimientos retorcidos con las manos en el pasillo, casi como si estuviera moldeando el aire o interactuando con una entidad que la cámara no lograba captar.
La autopsia oficial concluyó que la causa de muerte fue un ahogamiento accidental, potenciado por un brote psicótico severo derivado de su trastorno bipolar, ya que los exámenes toxicológicos demostraron que Elisa no estaba tomando sus medicamentos en las dosis correctas. A pesar de la cruda explicación médica, las teorías conspirativas y paranormales siguen flotando sobre el Cecil. Los investigadores independientes apuntan a que la azotea estaba protegida por alarmas magnéticas que no sonaron esa noche, y que la pesada tapa de metal del tanque de agua estaba cerrada por fuera cuando se encontró el cadáver, detalles que para los amantes del misterio demuestran que Elisa Lam fue víctima de una fuerza oscura o un encubrimiento humano dentro de un hotel que se niega a soltar sus fantasmas.